El agente matrimonial defiende a la muchacha por él propuesta contra los defectos que en ella encuentra el presunto marido: “Su madre -dice éste- es estúpida y perversa.” “Y eso qué le importa? ¿Se va usted a casar con la madre o con la hija?” “Bueno, pero es que la hija no es joven ni bonita.” “Mejor; así no hay peligro de que le engañe.” “Además, no tiene dinero.” “¿Y quién habla aquí de eso? Usted no quiere dinero; lo que quiere es una buena mujer.” “¡Pero si es jorobada!” “¡Hombre, algún defecto había de tener!”