Tras el primer día con mis 7 30 days trials

No documentaré un exhaustivo estudio diario sobre las 7 adoptaciones de hábitos que estoy siguiendo. Al llegar al 7 de enero ya podré contarlo todo. Sin embargo hoy haré una excepción por ser el primer día.

El mismo 6 que empezaba el programa decidía así porque me daba la gana quedarme por internet leyendo, aun sabiendo que tendría que levantarme a las 7:30. Me daba igual. Cuestión de masoquismo o pura estupidez. Pero no importa lo tarde que me quede o si ni siquiera duermo que a esa hora es a la que me tengo que levantar. Qué mala pesadilla cuando un ruido agudo e incesante te arroja entre los dos mundos. Ahí estas en la nada. Tu cerebro está dibujando otra realidad y de repente un pitido y frío. No sabes qué ocurre. La mejor forma de descubrirlo es del sobresalto caerte y después darte cuenta que las heridas no se curan en cuestión de segundos. La primera idea que tuve en la cama antes de levantarme era, “oh, es la alarma. No pasa nada, lo apago y me duermo de nuevo”. Más bien lo piensas sin palabras. Yo opino que no se necesita de lenguaje para pensar. O quizás es ya un instinto. Tienes dormido el brazo, te mueves y te vuelves con los personajes oníricos. Oyes un ruido, lo apagas y te vuelves con los personajes oníricos. Lo siguiente que balbuceé con pensamientos, “¡pero si es de noche! Tiene que ser una broma de uno de mis compañeros de piso…”. El siguiente pensamiento, “¡ostia, las tareas!”. ¡Y bumba!, ahí voy que me levanto. Tanteas por la habitación sin el sentido de la vista desarrollado y apagas el dicho aparato de las gónadas masculinas. Tras el primer arrojo de voluntad vuelve la flaqueza: “bueno, me tumbo un ratito y listo. No he dicho nada específico respecto a esto en el programa… Sí, puedo relajarme un poquito más”. No podemos tener ningún despiste o nos saldrá caro. A algunos les parecerá exagerado todo esto siendo sólo las 7:30 de la mañana la hora que me he marcado para despertarme. El caso es que a mí me cuesta y el caso es que ahora casi ningún día tengo la obligación por estudios o trabajo de levantarme temprano. Y cuando no hay una responsabilidad externa que cumplir se hace chungo y cuesta arriba. En fin, never mind, conseguido. Me permito sentarme unos segundos en la cama y llegar a la conclusión que no hay otra alternativa. Hago mis ejercicios. A continuación y pese al frío me ducho. Odio ducharme cuando tengo frío. Y finalmente para cumplir mi segunda tarea me doy un cuarto de hora de meditación. Cierras los ojos, respiras hondo y poco más y te duermes sentado. Controlé la situación y me puse a pensar en determinados aspectos de mi vida. Con sólo un poco de esfuerzo pude aclarar mi mente y conseguí descubrirme varias cortinas mentales. Me apeno al sonar de nuevo el despertador que marcaban mis 15 minutos de rigor. Quería seguir pensando y estaba divirtiéndome. El programa es el programa. A desayunar, luego me lavo los dientes, hago mis deposiciones y a las 9 y punto según el reloj de mi móvil me siento ante el ordenador. Son las 8:58 para Linux.

Las tareas de no ver la televisión o desatarme correctamente los zapatos son una nimiedad. También el cepillarme las perlas. Aunque quizás con ésto y ducharme tenga problemas en el viaje por Alemania.

Lo realmente complicado es la tarea número 4. No fantasear. Sabía que lo hacía a menudo pero hago ahora cábalas sobre si puede llegar a constituir el 90% de mis pensamientos. Continuamente. Me acuerdo de una conversación pasada y juego con otras palabras más ingeniosas. Me imagino un futuro, otro futuro tras la puerta número 2, la 3 y la 1002. El hotel hace remodelaciones faraónicas cada día. Quiero ver a alguien y me imagino punto por punto qué es lo que le voy a decir para quedar. Por tener tengo hasta metafantasías. Mi terrible problema es que no pienso, imagino una pensamiento que discurso. Mientras desarrollo una idea se la estoy contando a otra persona. A mí quizás la idea ni me viene ni me va, pero ahí estoy explicándola y mi audiencia maravillada. Por ejemplo, desarrollo nuevos programas que seguir, pero no los estoy pensando, se los cuento a alguien. Y estoy estudiando y mi mente se va por allí, vuelve, lee dos líneas, viaja a la China, enseña a niños en una escuela primaria, aprende la asignación de las líneas de interrupción del PC, recuerda un libro… Y así en clase, y hasta en plena fornicación. Mi distracción es absoluta. Qué frustación. Qué maravilla si consigo eliminar esta faceta. Si ahora tan sólo ando, conseguiré volar. Absoluta concentración. Tengo que ser sencillamente la ostia.

Este mes creo que a lo más que puedo llegar es a frenarme los intentos de fantasear. Darme cuenta que estoy en una y cortarla de inmediato. Luego vuelvo y retorno mil veces más, pero sin permitirme margen para llegar a tener un imperio bursátil. Hacer desaparecer tal lacra ignoro cuánto me ocupará. Supongo que hay muchas personas que pueden tener lo mismo o si no algo similar. Cierto hábito cerebral derrochador de energía que salta sin ningún control. Será divertido ver cuánto tiempo se necesita para hacerlo desaparecer. Porque esta claro que lo eliminaré. Bach me ayudará. Como muchos libros de autoayuda me corregirían: “no quiero la distracción, ya no me distraigo más, soy una mente clara y consciente; me amo; soy luz”. Así, en presente y con mucho amor. Está hecho.

Hoy en la segunda mañana. He vuelto a dormir poco pero mi mente estaba ya despierta cuando ha sonado el reloj. ¡Ya he ajustado la hora interna! Acojonante. Un día he necesitado para adaptarme, aun con maldiciones y retruécanos. Y estoy dormido pero empiezo la mañana radiantemente feliz. El calentamiento que hago por ejemplo me despeja por completo. Me siento luego muy bien. Cosas sencillas y la felicidad en el bote.

Lo último que decir. Steve Pavlina contaba que suele ser un típico error el simplemente programarse diversos hábitos para salvar tiempo. Esto es necesario y hay que hacerlo. Pero lo más importante es saber porqué realmente queremos salvar el tiempo. Si tenemos un motivo los hábitos se adaptarán solos. Y he me aquí que no puedo dar una respuesta rotunda a la pregunta. Los 15 minutos matutinos me están sirviendo para encontrarme. De todos modos una de las razones la veo bien. Considero inmoral derrochar el tiempo. Siempre me digo que si así hago, entonces no merezco vivir. Porque para estar viviendo tengo que matar a otros seres, y para qué voy a matar a otros seres si yo no vivo sino me arrastro con apatía por las calles. Para qué leches vivir si no vamos a desarrollar todo nuestro potencial. O sobrevivir cual pieza de ganado cadía en un curro que despecriamos. Después de vuelta con el resto de la masa en atestados transportes públicos o tardando 1 hora en coche para recorrer diez kilómetros hasta el hogar. Aquí nos espera una cerveza bien fría y una pantalla de plasma bien plana. Que no, que no me es lógico. No sé muy bien mis motivos, pero si elijo vivir, elijo ser el mejor.

En un mes la puesta en práctica dotarán a mis palabras de mayor sentido.

30 days trials, 6 de Diciembre, 7 tareas

Los sistemas distribuidos son un conjunto de ordenadores conectados por red trabajando juntos en la resolución de un mismo problema. Cada una de las piezas contribuye a nivel de sus capacidades al grupo. Desde el ordenador más viejo hasta una supercomputadora aportando cada uno su poder computacional. De esta forma por ejemplo se desarrolla el proyecto Seti, donde millones de personas dejan sus corrientes ordenadores personales cuando no están en uso para la exploración del espacio en busca de vida inteligente.

Siendo 6.000 millones de humanos, si optaramos por esta forma de organización seríamos cual dioses aun en cuerpos mortales. No voy a entrar en si tal cosa es una utopía. El caso es que mi parte la cumplo consiguiendo el mejor yo posible. Mayor concentración para aprender más rápido y mejor, mayor observación para poder actuar efecientemente en mi entorno, mejor uso del tiempo para ser más productivo, no derrochar energía que no necesito. Esto es lo que quiero conseguir. Quiero ser perfecto. Quiero ser feliz. Quiero conseguir todo lo que me plantee. Quiero que cada día sea inolvidable y quiero que en el día de mi muerte me marche complacido por una vida repleta de experiencias.

El caso es que me he levantado miles de veces con tan bonitas pretensiones, y mil veces también lo he acabado dejando. Como las promesas en año nuevo del tipo “voy a perder unos quilos” o “o voy a dejar de fumar de una puta vez”. Lo máximo que llego a conseguir son unos pocos días con modales propios de un caballero inglés, pero al poco vuelvo a ser una rastrojo social más sintiéndome casi especial por ello. No somos especiales, pero tenemos que hacer que nuestras vidas lo sean. Tenemos que encontrar un sentido a nuestras vidas. Y el caso es que eso es fácil, lo difícil es tener los cojones y el ímpetu suficientes para ser fieles a nuestros reales anhelos. Estoy hasta la polla de sermonear palabras hueras, así que punto y aparte.

He estado leyendo estos días el sitio de Steve Pavlina, persona dedicada al continuo perfeccionamiento de sí y de sus semejantes. Después de acabar en la celda por cleptómano decidió dedicarse a su completa evolución. Superó su problema, obtuvo los títulos en ingenería en ciencias de la computación y matemáticas en tres semestres, es escritor, bien educado, ha llevado acabo numerosas empresas, vegano, padre, no es empleado de nadie, diseña videjuegos, programador, blogger, marido, experimentador de sueños lúcidos, etc. etc. Para una mayor bombeo leer su “about”. El caso es que me da igual que sea un genio. El caso es que yo puedo hacer las cosas infinitamente mucho mejor de como las hago ahora. No he leído muchos artículos suyos. Siendo un completo ignorante en infinitud de temas sin embargo sé prácticamente todo lo que necesito para lo que realmente me importa. Tengo una inteligencia intuitiva exquisita. Supongo que todos la tenemos porque todos sabemos lo que en verdad queremos. Bien, en uno de sus textos nos cuenta cómo adoptar un nuevo hábito o aparcar alguno que nos denoste. Método 30-day trial como un buen programa de shareware que nos lo dejan para probar 30 días y luego hemos de decidir si lo queremos comprar o no. Así es como él consigue modificarse. Se plantea una meta y la lleva a cabo religiosamente por 30 días. Él por ejemplo ha probado ser vegano, no ver la televisión, no atender medios informativos, correr cada día, etc. Después comprueba si le satisface o no. Necesitamos más o menos este tiempo para poder asimilar un nuevo hábito. Cómo no depende de la tarea en cuestión, pero 30-day trial tiene más gancho. Así que, y cómo él que ha relatado sus tejemanejes con aquellos y tantos otros intentos, yo voy a hacer lo mismo aquí.

No sé si es correcto, pero me planteo varios retos en este mes hacia adelante que comienza exactamente ahora. Es mejor adoptar los cambios poco a poco y de uno en uno, pero hay tantas cosas que quiero modificar que me da igual. Lo voy a conseguir. Simplemente 30 días, después compruebo los resultados y qué ha ido a mejor o a peor. Si la cosa ha mejorado, no será difícil mantener con la buena tradición. De todos modos están relacionados. Aquí está la lista de mis 7 trials por un mes empezando desde hoy ya 6 de Diciembre del 2007:

  1. Despertarme cada día a las 7:30 a.m.
  2. Leventarme inmediatamente. Calentar mi cuerpo a continuación. Ducharme. Darme 15 minutos para meditar y reflexionar sober el día que ahora empieza.
  3. Empezar a trabajar (que nadie entienda trabajar como un sinónimo directo de currar) a las 9 a.m.
  4. No ver la televisión
  5. No fantesear, no hacer suposiciones, no recrear un teatro de la vida en mi cabeza
  6. Lavarme los dientes después de cada comida
  7. Desatarme los zapatos apropiadamente

Cosas sencillitas, triviales podríamos decir, que sin embargo me cuestan. Porque soy perezoso, porque no tengo control. Así que tengo que aplicar severas leyes. Ni siquiera contemplo un castigo por su incumplimiento. Viva el despotismo ilustrado.

Para salir de la cámara a la hora, un reloj y una buena dosis de juicio interno. Los problemas van a venir tras las noches de fiesta o cuando me quede a trabajar por la noche. Además ahora vienen las navidades y por diciembre y enero estaré por el norte de Alemania descubriendo sus rincones y las teutonas. Pero nada imposible. Lo segundo viene rodado. No ver la televisión no me supone un problema, pero sin embargo siguen quedando muchas tardes como gilipollas ante la cajita de los cojones, así que punto y aparte.

No fantasear. De lejos lo más complicado para mí. Desde que tengo uso de razón, he siempre fantaseado. Porqué, pues supongo por no estar haciendo lo que quiero, por ser tímido y mil razones más que derivan de lo mismo. Imaginándome las jodidas posibles futuras conversaciones punto por punto. Ideándome como un campeón en cualquiera de las artes que en ese momento me toquen las fibras. Me lavo los dientes, y ahí estoy yo ya pensando que tal persona está pensando tal y que va a venir y que mé va a decir pio y yo la diré miau miau y después tomaremos un gelato juntos, o arrascándome la barrigota mientras desarrollo una nueva idea que me va hacer famoso y rico. El caso es que si son realmente ideas para conseguirlo cojonudo. Pero suelo imaginar más el éxito que el trabajo previo. No obstante mi imaginación tiene su parte jocosa. Sencillamente tengo que darle sentido a todo lo que recreo. No me puedo poner a volar o follar con toda gachí que se me antoje así porque sí. Tengo que crear una jodida historia que lo haga creíble. Y puedo escribir la historia horas y horas y seguir así arrascándome la barrigota. Como buen punto tiene que mi imaginación ha llegado a ser realmente portentosa y en verdad muchas veces desarrollo buenos proyectos. Como contrapartida, pocas veces los cumplo, y que estos cuentos sólo sirven para segregarme calmantes por no tener huevos.

Las dos últimas tareas, fáciles a base de grabármelas en la mente o si se requiere recordármelas con tinta indeleble en la cabeza. O material psíquico o físico, pero lo consigo.

Repitiendo estas fechas, 6 de Diciembre del 2007 al 6 de Enero del 2008 (ambos inclusive que aquí no hay que dejar maniobra para el truquillo comercial). Cumpliendo las tareas que me he autoasignado como mi buen propio dictador. Simplemente 30 días. Después reviso éstos hábitos. No me escondo que éstos los quiero mantener por siempre pero quizás puedo desarrollar variaciones o dotarme de una mayor flexibilidad después. Ahora no me permito el derecho porque si no sencillamente duro 2 días y una mañana.

¿Qué más consigo con todo esto? Aparte de las razones obvias de guiarme en la dirección que quiero tomar, el orgullo de sentirme capaz para realizar lo que sea mi cabeza ideé.

Nada más que decir, y sí 7 30 days trials satisfactorios que rubricar en mi bagaje.